Christine Lagarde redobla la presión sobre los líderes europeos a una semana de la videocumbre que debería encauzar ese nuevo 'plan Marshall' al que se ha fiado la reconstrucción europea postcoronavirus. La presidenta del BCE les emplaza a adoptar la medida «rápidamente»; a establecer un cronograma claro que aporte «certeza y confianza a los ciudadanos, empresas y mercados financieros». Y les advierte: «Cualquier retraso conlleva el riesgo de generar efectos negativos y elevar los costos y, por lo tanto, las necesidades financieras de esta crisis».
La francesa lanzaba el aviso en una comisión del Europarlamento. La última vez que había comparecido ante los eurodiputados, el pasado febrero, el patógeno se percibía como un enemigo exterior. Era, dijo entonces, «una fuente renovada de preocupación» para la eurozona (el termómetro eran en aquel momento los desplomes del 10% en los grandes mercados bursátiles de China, y caídas de más del 15% en el precio del petróleo). Luego el epicentro de la Covid-19 se trasladó a Europa y se impusieron meses de hibernación económica.
¿Resultado? El presente: un hundimiento del PIB real de la zona del euro del -8,7% este año. Y una reescalada que costará dos ejercicios más: 5,2% en 2021 y 3,3% en 2022. Así que «nos enfrentamos a un reto extraordinario que exige medidas extraordinarias». El BCE esta haciendo su parte con ese programa de choque que se traduce en la compra masiva de deuda por valor de 1,35 billones (el último refuerzo, de 600.000 millones, lo anunció la propia Lagarde el pasado jueves). Un arsenal que «ha alejado» el riesgo de una crisis financiera al impactar positivamente en la contención de las primas de riesgo.
Pero los Veintisiete tienen aún el trabajo a medias. El plan de recuperación anunciado por la Comisión Europea hace un par de semanas, esos 750.000 millones de euros de los que medio billón serían subsidios a fondo perdido, «debe jugar un papel decisivo», subrayó Lagarde. La cuestión es que no se espera un 'ok' el día 19, sino en otra cumbre (quizás presencial) que se celebraría en julio.
Ese 'plan Marshall' irá colgado del próximo presupuesto plurianual de la Unión Europea (2021-2027) y contempla además una emisión de deuda conjunta que la responsable de la institución bancaria considera tendría también «un impacto positivo» en el refuerzo del euro. Así que, lo dicho, «decisivo».
Durante su participación en la comisión parlamentaria, Lagarde defendió también la última medida expansiva del BCE (en el contexto de la sentencia alemana que pone en duda esa línea de acción). Insistió en que responde a los criterios de «eficacia, eficiencia y proporcionalidad». Y se mostró convencida de que desempeñará un papel «fundamental» para evitar que la crisis se agudice y se precipite el riesgo de deflación. Los efectos, remarcó la francesa, «están siendo abrumadoramente positivos».