Hay días que terminan saliendo redondos, y ese fue el caso hoy para Rafael Nadal. Más allá de su previsible acceso a los octavos de final del Open de Australia, el número uno del mundo logró algo mucho más valioso: encontró su juego, recuperar la confianza y los tiros que necesita para afrontar una segunda semana en la que las exigencias subirán sensiblemente.

“Mi mejor partido del torneo, sin dudas, y eso es muy positivo”, dijo Nadal tras vencer 6-1, 6-2 y 6-4 en 98 minutos a su compatriota Pablo Carreño Busta, 30 del ranking mundial, en la más contundente de sus cinco victorias en cinco partidos. “Lo siento por Pablo, que es un buen amigo”. Quien no es su amigo es Nick Kyrgios, su rival en octavos de final. El australiano se clasificó en un partido maratoniano ante el ruso Kachanov, al que venció por 6-2, 7-6, 6-7, 6-7 y 7-6.

La derecha, termómetro del juego de Nadal, funcionó hoy muy bien. Y a partir de eso renacieron los ángulos cortos del revés, la seguridad en el saque y la vocación ofensiva. El número uno del mundo, que se vino quejando de que las pelotas del torneo se tornan extremadamente peludas y pesadas, no tuvo hoy problemas en ese sentido fue un sábado de sol y calor seco, el escenario que más disfruta el mallorquín a la hora de desplegar su tenis.

“No”, le dijo Nadal a su entrevistador post partido, nada menos que John McEnroe, cuando el estadounidense le dijo tener la sensación de que el sol y el calor le energizan el juego. “¿Estoy en lo cierto?”, inquirió el ex número uno. “No, pero es verdad que cuando las condiciones son estas la bola bota más y eso me beneficia”.

Carreño Busta, así, se convirtió en una nueva víctima de la particular escabechina nadaliana a la hora de medirse a españoles Nadal no pierde con un compatriota desde enero de 2016, cuando Fernando Verdasco lo derrotó en la primera ronda de Australia, y lleva una ventaja de 23-3 en torneos de Grand Slam y de 131-21 en general ante jugadores de su país.

En el sábado perfecto de Nadal, con generosa dosis de pop rock australiano en los intervalos determinados por los cambios de lado, la sensación fue que el 12 veces campeón de Roland Garros recuperó el humor. Si ante el boliviano Hugo Dellien y ante el argentino Federico Delbonis se lo vio fruncir el entrecejo y gesticular pese a ganar en ambos casos sin perder un set, el duelo con Carreño Busta comenzó con una sonrisa ya en el peloteo previo, sonrisa que afloró más de una vez a lo largo del partido.


Pablo Carreño se despide de Australia
Pablo Carreño se despide de Australia (EDGAR SU / Reuters)

Reforzada la adoración que los locales sienten por él tras su sensible reacción con la recogepelotas impactada por una bola en la noche del jueves, todo indica que el mallorquín tendrá el lunes a la noche su primer prueba de envergadura en el torneo: medirse al local Nick Kyrgios.
Más allá de que Nadal sabe lo que es perder con Kyrgios, un jugador de enorme talento y golpes desconcertantes, el problema que plantea el partido -si el australiano derrota hoy al ruso Karen Khachanov- es emocional: el local se burló de Nadal, imitándolo en la noche del jueves, y son varios los antecedentes de tensiones entre ambos en las siete veces que se midieron, con cuatro éxitos para el mallorquín.
Acompañado por su esposa Xisca y el resto de su familia en Melbourne, Nadal dispone ahora de una noche de sábado libre y de todo el domingo y casi todo el lunes para preparar el primero de los cuatro partidos que pretende convertir en una escalera al 20: al vigésimo título de Grand Slam y al final de la maldición australiana, el único de los cuatro grandes certámenes que solo pudo ganar una vez.


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