La tranquilidad que hasta ahora ha caracterizado la campaña electoral en Portugal –donde los comicios nacionales se celebrarán el próximo 6 de octubre– se ha visto dinamitada esta semana con la imputación del exministro de Defensa, José Azeredo Lopes, por su implicación en el encubrimiento del saqueo del Arsenal Militar de Tancos.


La Fiscalía lusa considera que el antiguo miembro del Gobierno del socialista António Costa dio luz verde al montaje que se organizó para recuperar las armas robadas, y por eso ha decidido procesar al ministro –que dimitió hace 11 meses– por delitos de denegación de justicia, prevaricación y favorecimiento personal.

Tanto Rui Rio, líder de los socialdemócratas lusos, como Asunção Cristas, del Centro Democrático Social (CDS), han aprovechado la imputación para atacar al primer ministro, a quien señalan como último responsable de “un asunto gravísimo para un Estado democrático”. Costa, por su parte, niega cualquier tipo de relación con el crimen y censura a los conservadores por “rebajar la dignidad de la campaña”.

A diez días de las elecciones en Portugal, el escándalo podría complicar las aspiraciones del jefe del Gobierno socialista, que quiere hacerse con una mayoría absoluta de los votos la semana que viene.

L’affaire Tancos
El 28 de junio de 2017 gran cantidad de material bélico fue sustraído del Arsenal de Tancos en el centro-interior de Portugal. El robo fue vergonzoso para el Gobierno desde el primer momento, pues dejó en evidencia la escasa seguridad de un recinto militar que, pese a ser clave para la defensa de la nación, tenía cámaras de seguridad que llevaban años sin funcionar y guardias que sólo realizaban sus rondas de vigilancia una vez al día. Las Fuerzas Armadas lusas quedaron en el ridículo más absoluto al no poder localizar las armas, y tuvieron que informar a la OTAN que, a su vez, se vio obligada a activar el estado de alerta en toda Europa ante la posibilidad que el material desaparecido fuese utilizado para perpetrar un ataque terrorista.

Cuatro meses después, la mayoría de las armas reaparecieron en una aldea a 20 kilómetros del Arsenal, donde fueron halladas por militares que, pese a estar destinados en el norte de Portugal, afirmaron estar paseando casualmente por esa zona del centro del país vecino. Las circunstancias del descubrimiento fortuito eran tan increíbles que la Policía Judicial inmediatamente sospechó de los militares implicados. Éstos eventualmente confesaron haber montado el redescubrimiento del material bélico y señalaron tanto al responsable del robo inicial –un exsoldado que había sido condenado por narcotráfico–, como a los colaboradores que le ayudaron cometer y luego encubrir el crimen –varios miembros de la Policía Militar y la Guardia Nacional Repúblicana, entre ellos el coronel Luís Vieira, director de la fuerza policial del Ejército–.

En el momento de su detención Vieira juró que apenas había estado involucrado en la operación para recuperar las armas, y que ésta se había realizado siguiendo órdenes emitidas por el Ministerio de Defensa, que dio luz verde a la operación para restaurar el prestigio del Ejército luso. El entonces ministro Azeredo Lopes aseguró que no tenía nada que ver con el caso, pero la presión mediática fue tal que se vio obligado a dimitir en octubre de 2018.

Casi un año después, la Fiscalía ha decidido procesar al político al dar con pruebas que definitivamente demuestran su papel en el encubrimiento del robo. Aunque éstas no han sido reveladas, el diario online Observador avanza que se tratarían de unos SMS’s que el todavía ministro de Defensa intercambió con un diputado socialista, en los que admite que él “lo sabía todo” y afirma su intención de ocultar la verdad al Parlamento portugués, que le había convocado para dar explicaciones sobre el asunto.

‘Parece una serie de Netflix’
La imputación formal del exministro ha reabierto el caso de Tancos a 10 días de unas elecciones en las que el Partido Socialista del primer ministro parte como favorito. Las encuestas señalan que la formación será la más votada, pero parece estar a pocos puntos de la mayoría absoluta tan deseada por Costa, que quiere gobernar sin estar atado a sus aliados de la izquierda durante la próxima legislatura.

Con el fin de negarle la mayoría a los socialistas y recuperar el terreno perdido durante dos años de crisis interna, los conservadores lusos han hecho del escándalo su bandera. El socialdemócrata Rio ha sido el más vocal y declarado que si Costa realmente no sabía nada del asunto, es igualmente condenable por ser un primer ministro incapaz de controlar a quienes formaban parte de su Ejecutivo. Entretanto, Cristas, la líder del CDS, afirma que el drama de Tancos “parece una telenovela o una serie de Netflix que ya va por la tercera temporada”, y que ahora están saliendo nuevos detalles que dan nuevo peso a las dudas que existían desde el principio de la trama.

Recordado las corruptelas del último Ejecutivo socialista –el del premier José Sócrates, cuyo juicio por blanqueo y falsificación comienza el mes que viene–, los conservadores sugieren que los votantes deben tomar nota de los delitos aparentemente perpetrados por miembros del actual Gobierno, y piden que les apoyen en las urnas para poder servir como contrapoder fiscalizador de Costa durante los próximos cuatro años.