Pedro Sánchez, el presidente del gobierno español, fracasó en un proceso de investidura este 25 de julio al no poder establecer una alianza con otros partidos que le permita tener una coalición gobernante. Eso aumenta las probabilidades de que España tenga que realizar otra elección nacional para romper el punto muerto político.
Sánchez y su Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fueron los más votados en una elección en abril que fue celebrada como un hito para la izquierda atribulada de Europa, pero que dejó a la fuerza política lejos de la mayoría absoluta en el Parlamento en momentos de mucha fragmentación y polarización. Sánchez, con un gobierno interino, buscó el respaldo de partidos más pequeños, pero las negociaciones con la otra gran fuerza de izquierda, Unidas Podemos, se desmoronaron hacia la noche del miércoles.
El Parlamento votó 124 a favor y 155 en contra de investir a Sánchez este jueves; 67 parlamentarios se abstuvieron. Fue la segunda ocasión esta semana en la que Sánchez no logró ser investido, pues el martes tampoco obtuvo el respaldo necesario.
Los socios españoles en la Unión Europea han estado monitoreando la situación política del país, en momentos en que el bloque ha visto el ascenso de movimientos nacionalistas, populistas y de ultraderecha que han afectado las relaciones intraeuropeas, han debilitado a partidos que usualmente dominaban y han fracturado el poder político en muchos países.
La suerte de Sánchez es de particular interés para el presidente francés, Emmanuel Macron, quien se ha enfrentado a una oleada de euroescépticos en su llamado por una mayor integración europea justo cuando el bloque se intenta preparar para la salida del Reino Unido con el brexit.
Macron, de centro, ve en Sánchez un aliado clave para la campaña pro-Europa, pues el español se ha vuelto el socialista de mayor prominencia en el bloque. En mayo, Macron invitó a Sánchez a cenar a París para reforzar la idea de que España debe tener un papel más destacado dentro de la Unión Europea.
Sánchez todavía puede someterse a otro voto de investidura este septiembre, después del periodo de vacaciones de verano, antes de tener que convocar una nueva elección nacional; de llevarse a cabo, sería en noviembre y sería la cuarta elección general en cuatro años en España. No hay garantías de que el resultado ayude a salir del punto muerto.
España ya pasó en 2016 diez meses en un limbo político, cuando dos elecciones con resultados no definitorios dejaron a los políticos peleándose sin poder formar un gobierno. Uno de los objetivos recientes de Sánchez fue cambiar las reglas para la formación de un gobierno con la intención de evitar la parálisis que ha asediado al país.
El voto de este jueves sucedió después del desmoronamiento de las conversaciones para una coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, partido que buscaba tener el control de varios ministerios a cambio de respaldar a Sánchez. Él rechazó esa solicitud, y Unidas Podemos, liderado por Pablo Iglesias, denunció que estaba siendo tratado como un socio inferior.
Antes del segundo voto de investidura, este 25 de julio, Sánchez e Iglesias intercambiaron críticas durante el debate de la sesión parlamentaria. Sánchez acusó a Iglesias de estarles abriendo paso a los partidos de derecha y extrema derecha al bloquear su investidura, después de que Unidas Podemos presentó las demandas ministeriales que Sánchez dijo serían un apoderamiento político. Unidas Podemos y su partido, dijo, querían “entrar en el gobierno para controlar el gobierno”. Sánchez añadió que tiene sentido tener “un gobierno plural, pero con una sola dirección”.
En respuesta, Iglesias afirmó que Sánchez no le había mostrado respeto suficiente a Unidas Podemos como socio, aun cuando ese partido ayudó a Sánchez a ser presidente del gobierno en primera ocasión, en 2018, “a cambio de nada”.
Varios líderes partidistas advirtieron en sus intervenciones del debate que los votantes no iban a entender cómo los políticos, de nueva cuenta, pasaron meses peleándose sin nada que mostrar como resultado para formar un gobierno. Pablo Casado, del Partido Popular, le dijo al parlamento que el fracaso de Sánchez para tener una coalición era “una de las páginas más lamentables de la historia de España”. Casado agregó que Sánchez y sus aliados tentativos habían impuesto un “espectáculo bochornoso” a los españoles en el que un “zoco de vanidades” prevaleció por encima de la capacidad para gobernar.
Para que Sánchez tenga una oportunidad realista de conseguir el respaldo necesario en septiembre, necesitaría conseguir mucho durante el verano, desde la cooperación de Unidas Podemos como la de parlamentarios de otros partidos pequeños. Iglesias le dijo a Sánchez que estaba dispuesto a dialogar: “No vuelva a llevar a los españoles a elecciones y negocie con nosotros desde el respeto”.