Con la resaca del medio siglo de la Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla cumplido y celebrado el año pasado todavía un grato recuerdo, anoche los carteles estrenaban la escueta cifra LI para indicar que ha sido la quincuagésimo primera edición.
En esta localidad la afición fue injertada hace décadas por el pintor y poeta, Francisco Moreno Galván,  que hubiera sentido una satisfacción muy grande al ver con qué ilusión y seriedad su gente ha asimilado la lección jonda.  Miguel Vargas, Diego Clavel, La Niña de La Puebla y el maestro José Menese, y debemos incluir también a Luis Torres “Joselero”, para dibujar el admirable elenco histórico de cantaores moriscos.
Es un evento reivindicativo, se mire como se mire.  Las jornadas culturales con exposiciones, recitales y conferencias, el formato serio y respetuoso, las ganas de escuchar y aprender, todo se lleva en La Puebla con orgullo.  Y la atención al programa que este año, con la desaparición de queridísimo Menese hace tres años, asume el reto de animar y ayudar a los más jóvenes intérpretes.
Antonio Flores, “Rubio de Pruna”, el último cantaor de Paco de Lucía, como destacó el compañero y presentador Faustino Núñez, fue acompañado a la guitarra por Pepe del Morao, joven representante de la famosa estirpe jerezana.  Este cantaor posee una voz singular, terciopelo hiriente a compás que aplicó a buleria por soleá con sencillez en el decir.  La confianza que viene con años de cantar para baile, con la soltura de un solista.  “Y Dios te va a mandar un castigo muy grande”, olé ese brío y fuerza.  Por siguiriyas, Pepe del Morao no ha podido tocar más jerezano, y el cantaor se dejó llevar…”No llamarme al médico, llamarme al doctor”, “Mi hermana Alejandra”…qué ricas son las formas clásicas.
Por tientos gaspareó elegantemente, y tuvo el detalle de cantar el verso que más identifica a Menese, el del “señor que va a caballo”.  Por tangos, se convirtió en Camarón, y vuelvo a defender la autonomía de los tientos que siempre pierden valor cuando se emplean como preámbulo de los tangos.  Terminó por bulerías clásicas de Gaspar, La Repompa, La Perla y otros, y ni los problemas con la amplificación pudieron robarle una ovación en pie otorgada por el público.
Manuel de la Tomasa, jovencito y sincero, veinte añillos con toda una ascendencia legendaria para avalarlo.  Antonio Carrión, siempre presente en este festival, lo acompañó por soleá con el compás de Marcos Carpio y El Pirulo, y juntos alcanzaron algunos momentos sublimes.  Las alegrías cantiñas provocaron una efusiva reacción, y por siguiriyas “de mi gente”, Manuel terminó de ganarse al público.
Ana Ramírez “La Yiya” es un retrato de dominio, delicadeza y oficio.  Con la guitarra de Antonio García, y el compás de Sofía y Noelia Jiménez de la Rosa, interpretó romance, petenera, unos tangos rapiditos con sabor antiguo y siguiriyas.
Con Antonio Cáceres a la guitarra, y las palmas de Joaquín González, Manuel Vinaza y Luis Dorado, el morisco Lámpara Minera, Rubito hijo, cantó un surtido de tientos tangos tradicionales, bulería corta y de cuplé clásico, incluyendo el “Padre nuestro” de Manolito de María, “Compromiso” o “Se llamaba Carmen”.  Formas jerezanas por siguiriyas redondearon una intervención entregada y honesta: lástima que el público se iba marchando debido al viento frío que empezó a soplar.
La catalana Montse Cortés hizo las veces de decana del programa.  Guapísima con su largo cabello rubio, y su voz sedosa, dulcemente triste y canastera, cantó la malagueña de la Peñaranda, otra del Mellizo y abandolao para terminar.  La última vez que Montse cantó en la Reunión de Cante Jondo, no terminó de gustar, pero anoche ha sabido ganarse al público.  Una versión nostálgica de “Canastera” de Camarón y Paco, fue muy apreciada por los de cierta quinta.  Tangos de la Repompa, frágil y vulnerable, y bulerías contemporáneas para terminar. Montse fue arropada por la  guitarra de José Fernández “Petete”.
El programa se hizo largo para muchos, debido a la inclusión de dos grupos de baile, los de Luisa Palicio y Fuensanta la Moneta respectivamente.   Palicio se mueve con los gestos expansivos de una diva, pero las voces de Ana Gómez y el faraónico Juan José Amador, con la guitarra de Jesús Rodríguez y la percusión de David “Chupete” nos anclaron en el sabor flamenco.  Luisa interpretó guajira con aire antiguo, y por soleá, ambas con bata de cola y con la elegante estampa de su mentora, Milagros Mengíbar.
Si Luisa Palicio es luz, Fuensanta la Moneta es sombra.  En el sentido más delicioso.  Oscuridad y temperamento granadinos, destellos de energía, una mirada que no perdona y poderosos silencios.  Por mucho que otros esterilicen el baile, siempre tendremos a Fuensanta para poner las cosas en su sitio.  Ismael de la Rosa “El Bola” y Mercedes Cortés pusieron el cante con la guitarra de Víctor “Tomate”.
Todo eso, y no vaya a pasar sin mención especial, los solos de guitarra de Antonio Cáceres, la tradicional ronda de tonás y el fin de fiesta por bulerías.  Larga la noche, ¿pero qué haríamos sin La Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla?