"Cuando nos separamos y empezamos una custodia compartida de mutuo acuerdo, ella me dijo que quería quitarse de la sociedad, que no quería más con la sociedad, y que quería irse a un pueblo y sacar a la niña del colegio. Luego me denunció por abuso sexual a la niña. No volví a ver a la niña en cinco años. Llegué, casi casi, a darla por perdida hasta que creciera".
El largo camino de Mauro García para recuperar el contacto con su hija, cuestiones anímicas aparte, puede concretarse en una cifra redonda: 67.000 kilómetros. Y terminó este pasado martes, con la madre puesta a disposición de un juez.