La artista es una de las nueve propuestas musicales gallegas que actúa este fin de semana en Santiago de Compostela durante la segunda edición del festival.


Iván Méndez, codirector de O Son do Camiño contaba a EL PAÍS que uno de los objetivos del festival para su segunda edición es "apostar fuertemente por la escena gallega". Y lo cierto es que el porcentaje de bandas regionales que participan en la cita compostelana ronda el 30 %, siendo según Méndez un "importante escaparate para los artistas de Galicia". Así, desde este jueves 13 de junio hasta el sábado 15 pasarán por el Monte do Gozo artistas consolidados como Iván Ferreiro, Eme Dj o Igloo, propuestas atrevidas como Ortiga, Mordem, Baiuca o Familia Caamagno y representantes del sonido urbano como Hard GZ. Pero entre las nuevas voces autóctonas de este festival destaca la de Marem Ladson (Ourense, 1997), que actuará este viernes a partir de las 17.00 en un final de gira que se prolongará solo unas semanas más y que servirá para dejar a un lado el lado más intimista de su primer y único álbum hasta la fecha. El objetivo: seguir explorando nuevos lugares para marcar la diferencia.

"Nada es casualidad" es el mensaje que lanza en una de sus letras, pero el mismo día que Marem Ladson charlaba con nosotros se graduaba en Relaciones Internacionales: "han sido cuatro años complicados, la gente se piensa que es fácil compaginar todo, pero ha sido una locura". Llegó con 17 años a Madrid con la idea de estudiar y aprovechar las oportunidades musicales que ofrece la capital, pero para mantener los dos sueños ha tenido que trabajar mucho y de muchas cosas. Antes, a los 15 se fue un año a Estados Unidos, de donde es su padre: "es como si no fuese de ningún sitio, aquí no me consideran del todo española, y allí no piensan que soy completamente americana. Es lo que le pasa a cualquier hija de inmigrante". En Galicia es donde ha pasado la mayor parte de su vida, algo que le ha influido en su forma de ser: "soy una persona muy tranquila, muy contemplativa, como Galicia y su naturaleza".

Ladson asegura que la única etiqueta que le gusta es la que no existe: "no me dejo llevar por lo típico o lo que la gente espera de mí". Su segundo disco, asegura, será un buen ejemplo de este momento, en un contexto donde la cantante confiesa que cada vez hay menos prejuicios.  Para la autora de All my storms lo importante es "hacer lo que te gusta". Su última canción, Nothing really matters, ha sido un adelanto de lo que quiere ser. En este tema incrementa la fuerza de sus composiciones y se atreve a cantar en dos idiomas: español e inglés. Para la artista esta combinación representa a la perfección lo que siempre ha escuchado y ha hablado en casa: "la canción encaja con mi yo actual y lo que quiero decir con ella es que lo importante es que nada importe"".
Ganadora del concurso de bandas del DCODE en 2017, ha actuado en este festival y en el Vida sin tener su primer disco en el mercado, algo por lo que Marem se siente muy agradecida: "he tenido muchas suerte, estos eventos han sido un impulso, sobre todo en lo personal porque en ellos puedes saber si tu música gusta a la gente". Piensa que los festivales "son muy divertidos" y que la conexión con el público es mayor que en un concierto más íntimo, pero a pesar de estas bondades Ladson no se calla: "creo que hay una fórmula habitual en el universo indie que siempre apuesta por las mismas bandas, dejando sin apenas hueco a bandas emergentes y mujeres". Y aunque admite la dificultad y el riesgo que esto supone para las promotoras les invita, al igual que su música, a salir más de la zona de confort.
Para los que no lo sepan, la historia que hay detrás del nombre de Marem tiene dos culpables muy cercanos y una declinación: su madre y su tía, y un libro de nombres en latín. Precisamente en Santiago de Compostela podrá estar rodeada de caras conocidas y tocar para sus amigos, una ocasión que aprovechará para despedirse de su vertiente más introspectiva y de las canciones que compuso con 14 años, para empezar a encontrar su nuevo lugar: "quiero algo más movido, me apetece experimentar con la electrónica". Lo que seguro que buscará, o al menos eso intentará, es conectar con los asistentes: "es la mejor sensación del mundo". Próximamente actuará en festivales como el Ribeira Sacra y saldrá a la luz uno de sus últimos proyectos musicales, su colaboración con la finalista de OT 2018, Natalia Lacunza, con quien afirma, trabajar ha sido "un auténtico sueño".