Ha tenido que esperar casi cinco meses, pero el Real Madrid ha vengado la derrota copera sufrida en el WiZink Center ganando la Liga en el Palau. Su única alegría en una temporada llena de altibajos, en la que estuvo cerca de los tres títulos, pero en la que se ha tenido que conformar solo con la ACB. En cualquier caso, un golpe en la mesa que confirma al equipo de Pablo Laso como el gran dominador de la canasta nacional. Porque si había dudas, las despejó todas ayer el conjunto blanco con un triunfo contundente ante el Barcelona que reafirma la apuesta del técnico vasco. Un nuevo título en la era Laso, que mantiene su racha de sumar al menos un trofeo al año desde que aterrizó en el banquillo madridista en 2011.
El mazazo que supuso la derrota del miércoles no varió un ápice el plan de partido de Pablo Laso. Tiene tan claro el camino el técnico vasco que ni siquiera una decepción como la de dos días atrás le hizo tocar sus piezas. Mismo cinco titular y mismo inicio eléctrico, con Rudy Fernández como líder del aluvión ofensivo que arrolló al Barcelona en los primeros minutos. A los tres triples del balear se unieron Campazzo y Randolph, cuyo acierto exterior obligó a Pesic a sacar bandera blanca (8-19, min. 5). El serbio carece de la seguridad de Laso e improvisa a menudo. Su experiencia le permite esos cambios abruptos del guion que ayer le obligaron a pedir tiempo muerto para cortar la sangría.
La salida de la cancha de un inofensivo Heurtel –titular por primera vez en la final– le cambió esta vez la cara al Barcelona. No había podido brillar el francés, demasiado vigilado por Campazzo en ese primer cuarto. Fue Pangos, desastroso en los tres primeros partidos, el que lideró la reacción azulgrana, cristalizada en un parcial de 11-1 que equilibró de nuevo el choque (19-20, min. 9). Todo el esfuerzo blanco había quedado reducido a la nada en apenas cuatro minutos. Tocaba volver a empezar. Partido nuevo.

Tavares, amo de la zona

Laso situó a Taylor encima del base americano y por ahí se acabó la racha azulgrana. La intensidad de los tres primeros encuentros volvió a poner a prueba al trío arbitral, que optó esta vez por controlar el silbato y dejar más contactos de los habituales. La dureza defensiva aumentó los errores en el lanzamiento y encendió la mecha en la zona, donde cada rebote se peleaba ya como si fuera el último. Una batalla que había perdido el Real Madrid durante toda la final y que ayer encontró en las manos de Tavares un aliado fundamental. El techo madridista se creció por encima de sus 2,21 metros. Se hizo inmenso y alargó los brazos más que nunca para evitar las segundas opciones del Barcelona. Para taponar y meter miedo. Un gigante.
Sin ese salvavidas, a los azulgranas les costaba mucho anotar. De hecho, Smits se convirtió por momentos en su único sustento. Malas noticias. La mejor para el Barcelona es que el descanso estaba cerca (33-37). Jugaba ya el Barça con el corazón en la mano. Sin plan, pero orgulloso. Como casi durante toda la final. Otro buen arranque del Madrid obligaba a los azulgranas a volver a tirar de carácter para enjugar la diferencia (37-47, min. 26). Lo logró, de nuevo, por medio de Pangos, mientras Heurtel –0 puntos en los tres primeros cuartos– asistía lacónico al encuentro desde el banquillo tras haber recibido una bronca monumental de Pesic. El enfado del serbio llegó tras el enésimo triple blanco. Canasta sumada por un inspirado Causeur, autor de 10 puntos, todos tras el descanso. Al tiempo muerto del Barcelona le siguió un parcial de 8-0 que volvía a darle opciones (45-47, min. 28).
Decidió entonces el Madrid que era su momento. Que tocaba dejar atrás las dudas y los miedos. Que no podía dejar escapar de nuevo el triunfo y se lanzó a por él. Lo consiguió con un esfuerzo coral en el que se lució por encima del resto Tavares, pero que contó con el esfuerzo defensivo de Campazzo y de Taylor. Con el acierto de Randolph y la determinación de Causeur. Con el pundonor de Llull, que se quedó sin anotar, pero que derrochó intensidad... Todos sumaron para devolver al Madrid a lo más alto de la Liga. Campeón eterno.
 Tu puclicidad aquí por muy poquito