Antonio Maíllo ha vuelto ya «al lugar del que uno procede», según sus propias palabras. El que ha sido líder de Izquierda Unida en Andalucía los últimos seis años ha renunciado este lunes a todos sus cargos. Por la mañana, al acta de parlamentario que había revalidado hace apenas unos meses, y por la tarde al puesto de coordinador regional de IU, para el que fue reelegido, con casi el 84% de los votos, en 2017.
En menos de 24 horas, Maíllo ha pasado de las palabras a los hechos y ha dado el paso atrás que venía anticipando desde tiempo atrás y que pocos se creían.
Maíllo ha sido el máximo responsable andaluz de IU en tiempos convulsos en los que la coalición, según ha recordado, estuvo «a punto de desaparecer». De su mano, IU y Podemos han sellado un pacto de confluencia que, a diferencia de lo ocurrido en Madrid, defiende una fórmula más horizontal y respetuosa con el papel de cada partido. Con Teresa Rodríguez, la coordinadora del partido morado en Andalucía, ha compartido el liderazgo político en una visible buena sintonía. Pero los resultados no le acompañaron en las elecciones autonómicas del 2 de diciembre pasado. Entonces, se le pasó por la cabeza dimitir y, más tarde, ya en el mes de febrero, resolvió poner fin a su etapa en la política. Pero el complicado periodo electoral que tenía por delante le obligó a aplazar su marcha.
Ésta no es sin embargo una asunción de responsabilidades en diferido, matizó. Pues, tras los procesos electorales, ha llegado a la conclusión de que los resultados del 2-D no fueron el problema sino el síntoma de «un estrechamiento del espacio de la izquierda» que trascendía de Andalucía. Pese al batacazo electoral, defiende que la confluencia con Podemos es «irreversible». «Dejo una organización cohesionada en Andalucía, que aporta a Izquierda Unida un número más elevado de concejales y de diputados que ninguna otra comunidad autónoma», afirmó ayer razonablemente satisfecho.
Pero el regreso de Maíllo a las aulas tiene un efecto colateralal que el ya ex coordinador regional de IU no hizo referencia ayer y que sus colaboradores más estrechos, directamente, niegan. Y es que su marcha de la política activa se produce en un momento en el que en el bloque de izquierdas no hay demasiado referentes, por no decir que prácticamente no los hay.
Basta asistir a algunos de los plenos que cada quince días se celebran en la antigua capilla del Hospital de las Cinco Llagas, la sede del Parlamento de Andalucía, para advertir cómo la izquierda, al menos en los últimos meses, anda huérfana de liderazgo y Maíllo era, en la práctica, el que representaba ese papel en oposición al bloque de derecha que, fruto de su alianza tras el 2 de diciembre, se hizo con el poder en la Junta de Andalucía y saca músculo cada vez que tiene ocasión.
El mazazo que supuso la pérdida del poder tras 37 años y la indisimulada -e indisimulable- pelea interna que mantiene el PSOE Andaluz con la dirección federal de Pedro Sánchez han desdibujado a Susana Díaz, hasta el punto de que en estos primeros meses de la nueva legislatura no ha ejercido el liderazgo de la oposición que naturalmente le corresponde.

TERESA RODRÍGUEZ, DE BAJA

La ex presidenta de la Junta y secretaria general de los socialistas andaluces se ha ausentado incluso de algunos de los plenos más importantes, como el de las enmiendas a la totalidad a los presupuestos.
Y Teresa Rodríguez, la otra gran referencia de la izquierda, la «pareja de hecho» del propio Maíllo todavía no ha regresado de su baja por maternidad.
Hasta la vuelta del verano no se espera que regrese la líder de Podemos y cabeza de lista de Adelante Andalucía (Podemos más IU), cuyo fuerte carisma nadie en su partido ha sido capaz de emular. Tanto es así que, en el día a día, ha venido siendo el mismo Antonio Maíllo el que ha tirado del tándem de la plataforma promovida por él y por Rodríguez.
Un ejemplo cercano fue el de las elecciones generales y municipales del 26 de mayo, en el que IU, y Maíllo como cabeza visible, llevaron el peso de la campaña en nombre de Adelante Andalucía.
Para sustituirle suenan con especial fuerza dos nombres. El primero es el del recientemente nombrado portavoz de la Comisión Coordinadora, Ernesto Alba, quien tuvo asimismo un papel relevante en la campaña del 26-M. Y otro el de la parlamentaria Inmaculada Nieto. En cualquier caso, será uno de los 80 miembros del máximo órgano de dirección de IU-CA entre asambleas, el que decidan ellos mismos.
Desde la organización aseguran que el hueco se va a cubrir en cuestión de semanas y, sobre el papel, tendría que dirigir la coalición hasta 2021, aunque hay voces -la de Maíllo es una de ellas- que abogan por adelantar la convocatoria de asamblea un año, a 2020.
 Tu anuncio aquí