David Romero es un jesuita de origen estadounidense afincado en Brasil desde hace décadas. Por su labor como misionero entre los pueblos originarios de la Amazonia, sabe bien que uno de los mayores problemas para la Iglesia católica en esta enorme región es la gran escasez de sacerdotes. 

“Hay miles y miles de comunidades diseminadas en inmensas extensiones territoriales donde no se celebra la eucaristía”, dice Romero, recordando cómo en alguna ocasión ha oficiado misa con indígenas que llevaban 10 años sin ver a un cura. “Fue una sensación muy especial”, afirma.

Tanto los católicos locales como el propio Vaticano son conscientes de esta enorme limitación y están tratando de buscarle una solución.


Por eso, en el Sínodo de los Obispos sobre la Amazonia, que se celebrará en Roma del 6 al 27 de octubre, habrá una inédita reflexión sobre la posibilidad de ordenar como sacerdotes a hombres ancianos casados y respetados en sus comunidades para intentar paliar así la escasez de curas.

Este debate ha generado una enorme atención sobre la próxima asamblea. Serán los prelados de los nueve países de la región panamazónica, los miembros de la curia romana invitados, un grupo de expertos y auditores, y los 20 indígenas presentes en el sínodo los que estudiarán esta posibilidad.


La última palabra corresponderá, no obstante, al papa Francisco, que ya dejó claro el pasado enero, que solo contemplaría que hombres casados maduros accedieran al sacerdocio en “lugares remotos”. 

Además, el sumo pontífice reiteró en aquella ocasión que “el celibato es un don para la Iglesia” y que no estaba de acuerdo con que fuera “opcional”. Para dar aún más vigor a sus palabras recordó una frase de san Pablo VI al respecto: “Prefiero dar la vida antes que cambiar la ley del celibato”.

El 'Instrumentum laboris' (documento de trabajo) sobre la asamblea sinodal publicado esta semana pide que, para las zonas “más remotas” de la Amazonia, se estudie “la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable”.



Un asunto polémicoA estas personas se les conoce como ‘viri probati’, pero el texto de la Santa Sede no echa mano de este término que genera polémica en los sectores eclesiales más conservadores, al considerar que su acceso al sacerdocio puede ser el primer paso para la abolición del celibato obligatorio para los presbíteros en las comunidades católicas de rito latino. En las de rito oriental resulta voluntario. El cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, justificó que el documento no utilice el término ‘viri probati’ porque “se ha convertido casi en un mito” y se ha “abusado de la expresión”.
El 'Instrumentum laboris' pide que, para zonas remotas se estudie “la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, aunque tengan ya familia constituida”.

La finalidad de la ordenación de estos hombres casados, según el Instrumentum laboris, es “asegurar los sacramentos que acompañan y sostienen la vida cristiana” y evitar así que haya comunidades que, debido a las enormes distancias y a la escasez de clero, estén años sin tener contacto alguno con un sacerdote. 

Precisamente, el documento de trabajo invita a pasar “de una ‘Iglesia que visita’ a una ‘Iglesia que permanece”, para lo que también pide promover “vocaciones autóctonas”.

La otra gran cuestión controvertida sobre la que se debatirá en el Sínodo es el tipo de “ministerio oficial que pueda ser conferido a la mujer”, de manera que quede reflejado su “papel central” en la Iglesia amazónica. Es lo que plantea el Instrumentum laboris, destacando la importancia de “garantizar su liderazgo” y de que tengan espacios cada vez más “amplios y relevantes”. El texto pide de manera ambigua identificar para ellas un “ministerio oficial”, sin aclarar si se trata del acceso al diaconado femenino o de alguna otra alternativa.

El arzobispo Fabio Fabene, subsecretario del Sínodo de los Obispos, explica que no se quiso hablar de diaconisas porque el papa Francisco considera que ese tema precisa de “una ulterior profundización”. 

El pontífice anunció hace tres años la creación de una comisión de expertos para estudiar cómo era la labor de las diaconisas en los primeros siglos de la Iglesia, pero el grupo de trabajo concluyó su labor hace un año sin que se haya llegado a un acuerdo.

El diaconado femenino es rechazado igualmente por los sectores conservadores, al considerar que puede convertirse en la puerta de entrada para una posterior aprobación de que las mujeres accedan al sacerdocio.
Un papel para la mujer
Fueron las propias comunidades católicas locales las que pidieron que se reflexionara sobre la posibilidad de que los hombres casados de edad y respetados por sus comunidades puedan ser ordenados presbíteros, así como la de que a las mujeres se les confiera algún tipo de “ministerio oficial”. Lo hicieron a través del amplio camino de consulta realizado durante los últimos meses. 

“Al menos 87.000 personas formaron parte directamente del proceso de escucha conducido por la Red Eclesial Panamazónica (Repam)”, cuenta Mauricio López, secretario ejecutivo de esta organización creada en 2014 para coordinar las actividades de protección de la Amazonia.
Vemos la necesidad de repensar, replantear y profundizar las ministerialidades necesarias en un territorio tan particular como la Amazonia, donde hay una profunda fragilidad de la Iglesia, existen signos de amenaza a la vida de quienes allí habitan y se da una gran ausencia no solo de sacerdotes, sino también de misioneros”, reconoce López.

Romero, por su parte, destaca sus esperanzas de que el sínodo propicie un debate sobre “el papel de la mujer como evangelizadora y como líder en las comunidades eclesiales. Muchas veces son profesoras en las escuelas, son personas de liderazgo, con muchos talentos y capacidades, pero no están bien reconocidas por la Iglesia”.
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