Vivir entre 150 taxis de la droga: «Es insoportable, con tirones, excrementos y jeringuillas»

Llevan tiempo. Tanto, que los vecinos conocen sus rostros avejentados y macilentos. Su delgadez es fruto de los estragos que produce la droga en sus cuerpos. Salen por goteo del intercambiador de transportes de Sierra de Guadalupe (Villa de Vallecas) y esperan. Este lugar ha sido y sigue siendo la «parada» por antonomasia de los taxis o cundas de la droga. La que les va a llevar hasta el supermercado más grande de Europa, la Cañada Real Galiana, mientras siga existiendo. Van en busca de su dosis diaria. A veces, más de una, según su grado de dependencia. El precio del «billete»: 5 euros.


«Ha habido una época en la que hemos estado más tranquilos, pero desde el verano pasado para acá, esto es insoportable. Ahora es otra mafia –dice, aludiendo las cundas y su clientela, pues cada una tiene la suya–. Gritan, se pelean y arman mucho jaleo. Eso que son menos que antes. Yo, a veces, abro la ventana y les digo que bajen la voz porque no me dejan dormir». Eso dice Ana García, mientras pasea a sus perros en la rotonda en la que esperan el próximo «viaje» cinco personas de entre 40 y 50 años. Los excrementos humanos y el olor a orín es intenso la Travesía de Sierra de Guadalupe.


Su opinión la corroboran desde la Plataforma Vallecas Villa Anticundas, que exigen soluciones a la Delegación del Gobierno y a los partidos políticos, aprovechando que estamos en campaña electoral. «Queremos que acaben con este negocio ilegal en nuestro barrio y a las puertas de nuestras casas porque genera degración, suciedad, peleas, inseguridad, robos, destrozos y riesgos sanitarios, ya que los toxicómanos dejan las jeringuillas tiradas en cualquier sitio», recalca un portavoz, que califica la situación de insoportable.


«Han vuelto los tirones como en los años 80 o los robos al descuido para poder pagarse el viaje a la Cañada y un par de picos o rayas. Algunos duermen dentro de coches o rompen los cristales de otros para arramplar con lo poco de valor que haya... No puede ser que la respuesta de la Delegación, a la que en octubre le presentamos 3.500 firmas, como al resto de administraciones, sea que no se puede hacer nada. Ninguno se ha molestado en recibirnos. En Embajadores, las han eliminado. ¿Por qué aquí no?», recalcan desde Vallecas Villa Anticuadas.


La Ley de Seguridad Ciudadana permite el decomiso de este tipo de vehículos siempre que se demuestre que se usan para una actividad ilegal. Esto hizo que, desde su entrada en vigor, el 1 de julio de 2015, estos «taxis» se diseminaran en función de la presencia policial. En Villa de Vallecas pasa igual. Cada vez hay más «paradas»: Sierra de Gádor, Felipe Álvarez, Calle Arboleda, avenida de la Democracia, Gran Vía del Este, San Jaime... Aunque, según la plataforma, no los incautan. «Solo se los llevan si cometen una infracción del tráfico y nos dicen que no tienen depósitos para guardarlos», insisten.


También se quejan que los políticos intentan que se sumen a sus siglas en lugar de resolver sus problemas: «Solo han mostrado interés la Policía Nacional y Municipal».


Coches nuevos y de alquiler
Para evidenciar la situación realizaron un conteo. «En cuatro meses hemos detectado 150 cundas. Y no son coches destartalados como antaño. Son nuevos, y algunos hasta alquilados». ABC da fe de ello. En las dos horas que pasamos en las inmediaciones vemos cuatro vehículos, entre ellos un KIA Sportage, un Seat León, un Peugeot 208 y otro, tan veloz, que no da tiempo a ver su marca.


Ninguno aparca a un lado de la rotonda como hacían antes. Los conductores, entre los que hay incipientes drogodependientes y gente sin escrúpulos que se gana de este modo la vida, aprovechan el semáforo para que su clientela suba. «Están organizados y desperdigados por la plaza. Cuando llega una cunda, se avisan por teléfono; les deben de decir el modelo de coche y uno de los que está esperando silba y vocea. Es la llamada a los demás», explican unos limpiacristales.


Entonces, uno o dos «viajeros», no más, abren las puertas, intercambian unas breves palabras y suben. Uno de los «yonquis», el que más grita, se ha quedado en tierra dos veces. «No debe de tener dinero para pagar y no le fían», recalca José Herrero, acostumbrado a este trajín. Si en 60 minutos hay una decena de «yonquis» esperando su cunda, la hora punta es por la tarde. «Hemos visto un corro de 15 o 20 a la salida del intercambiador», recalcan unos asiduos a esta línea. A veces, se coloca una Unidad de Denuncias o un patrulla de Policía Municipal. Los vigilantes de seguridad no dejan entrar a los toxicómanos a la estación; llegan desde otros puntos. «Dejan las pipas, los restos del chino que se han fumado y las jeringuillas. Una compañera se clavó una», dicen dos empleados de limpieza.

Fuente: https://www.abc.es/espana/madrid/abci-vivir-entre-150-taxis-droga-insoportable-tirones-excrementos-y-jeringuillas-201904160105_noticia.html

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